El ecosistema de pagos en Latam cambia rápido y ya se nota

El ecosistema de pagos en Latam cambia rápido y ya se nota

Hoy en día el ecosistema de pagos en México y el resto de Latinoamérica se mueve a una velocidad que hace unos años parecía imposible. No es solo que la gente mande dinero más fácil. Es que toda la forma de cobrar, pagar y hasta sacar efectivo está mutando. Y lo interesante es que no pasa igual en todos lados.

En Brasil Pix ya es casi una religión. En Colombia Bre-B está explotando. En México SPEI sigue creciendo fuerte, pero todavía pelea contra el efectivo que no se va. Esa mezcla de avances y resistencias es lo que define el momento actual.

Colombia apunta alto con los pagos inmediatos

Andrés Duque, el presidente de Redeban, soltó una cifra que da para pensar. Dijo que el país puede llegar a 1.000 millones de pagos inmediatos al mes. Hoy están en unos 200 millones. En menos de un año multiplicaron por siete lo que procesaban cuando nació Bre-B.

La gente ya no necesita recordar claves interminables. Y como las transferencias entre personas terminaron siendo gratis por la competencia, el uso se disparó. Ahora el siguiente paso es meter crédito desde el datáfono, pagar nóminas en tiempo real y hasta sacar efectivo en el súper sin pasar por un cajero.

Duque lo dice sin rodeos: todavía falta conocimiento y mejorar lo que pasa después de la transferencia. Porque si te equivocás de destinatario o hay un fraude, el dinero ya se movió. Ahí el sistema de ecosistemas tiene que responder más rápido que con las tarjetas tradicionales.

México tiene la infraestructura, pero le cuesta la adopción

En México el SPEI ya procesa un volumen que se acerca al de las tarjetas. Eso no es menor. El problema es que gran parte sigue siendo de persona a persona. En los comercios, sobre todo los chicos, el efectivo sigue mandando.

Banxico y la CNBV están metiendo mano. Hay nuevas reglas en consulta para que los agregadores liquiden el mismo día a los negocios y para poner topes a las cuotas de intercambio. La idea es bajar costos y hacer más atractivo cobrar digital. También están empujando la estandarización de las apps para que transferir sea más parecido en todos los bancos.

Las tienditas ya están cambiando. Durante el Mundial las transacciones digitales en terminales de Mercado Pago subieron casi el doble. Pero todavía hay mucho camino. Casi un millón de negocios se digitalizaron en el último año con programas oficiales, y eso ayuda. Igual el efectivo no se rinde fácil.

Un informe reciente de Temenos y PCMI marca que el 45% de los pagos digitales minoristas en toda la región ya se liquidan al instante. Se espera que llegue al 60% en 2030. Latinoamérica lidera en penetración de pagos inmediatos a nivel global. Pero la madurez es desigual. Brasil y ahora Colombia van adelante. México y Chile tienen rieles viejos y sólidos, pero la adopción comercial todavía es más lenta.

ecosistema de pagos

¿Cómo crear un ecosistema de pagos digitales?

Primero, la infraestructura tiene que ser confiable y barata para el usuario final. Si la transferencia cuesta o tarda, la gente vuelve al efectivo. Segundo, la experiencia tiene que ser simple. Llaves, QR, número de celular. Mientras menos pasos, mejor. Tercero, los comercios chicos necesitan incentivos reales. Terminales baratas o gratis, liquidación rápida y comisiones que no les coman el margen.

También importa la interoperabilidad. Que puedas pagar desde cualquier banco o fintech sin fricciones. Y después de la transacción, que existan mecanismos claros para reclamos y fraudes. Porque si algo sale mal y nadie responde rápido, la confianza se cae.

Acá es donde entran jugadores como Veritran. Esta compañía trabaja justo en las capas que hacen posible que un ecosistema de pagos digital escale sin volverse un caos. Ofrecen soluciones de identidad digital, autenticación fuerte y plataformas que permiten a bancos y fintechs lanzar productos de pago más seguros y usables. En mercados como el mexicano o el colombiano, donde conviven bancos tradicionales, neobancos y miles de pequeños comercios, ese tipo de tecnología ayuda a conectar los puntos sin obligar a todos a empezar de cero.

Veritran no inventa el riel de pagos, pero sí facilita que encima de ese riel se construyan experiencias que la gente realmente use. Desde onboarding digital hasta transacciones protegidas. Y eso, en la práctica, acelera la adopción.

Hay más capas, claro. La regulación tiene que acompañar sin ahogar. Los gobiernos pueden empujar con pagos digitales de servicios públicos o transferencias sociales. Y las fintechs necesitan espacio para innovar sin que las reglas las dejen afuera.

El efectivo no se va a ir mañana, pero ya no manda solo

Nadie espera que el efectivo desaparezca de un día para el otro. En México todavía representa una parte importante de las transacciones diarias, sobre todo en montos bajos. Pero la tendencia es clara. Cada vez más gente usa el celular para pagar el super, el transporte o mandar plata a la familia.

El ecosistema de pagos que se está armando en la región combina lo mejor de los sistemas centrales (SPEI, Bre-B, Pix) con la agilidad de las fintechs y la llegada masiva de terminales a los barrios. El reto ahora es que eso llegue también a los sectores informales y a las zonas donde la conectividad todavía falla.

Si Colombia logra acercarse a esos mil millones de transacciones mensuales, el ejemplo va a pesar. Y si México logra que SPEI y CoDi se metan de verdad en las tienditas, el cambio se va a sentir en la economía real. Menos informalidad, más historial crediticio y, en teoría, más acceso a financiamiento para los que hoy viven del efectivo.


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